Belmonte. Cuenca. Desde Juan Pacheco a Eugenia de Montijo.

Salimos de tierras de Don Quijote, y nos adentramos en la Edad Media, en sus condados, ciudades amuralladas, batallas y castillos, como muestra nuestro destino, Belmonte, donde su imponente castillo nos espera, aunque para ello debamos conquistar la colina en la que fue construido para una mejor vigilancia y defensa.

Llegamos a Belmonte a través de la N-420, pasando de la provincia de Toledo a la de Cuenca, siendo, en dicha localidad, nuestro primer destino el castillo que puede ser divisado por encima de cualquier otra construcción, ya que, de forma estratégica dicha obra fue colocada en lo más alto del cerro de San Cristóbal, como imagen del poder que se ejercía desde dicho punto, y la importancia que la propia villa tenía por aquel entonces.

 

Para poder centrar el momento histórico de Belmonte, Bellomonte o Belmont y su castillo debemos comenzar la historia por el principio, ya que allá por el siglo XIV el infante Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X El Sabio, comenzó a conseguir numerosos títulos nobiliarios, asentándose en la localidad, comenzando la importancia de dicho lugar, e iniciándose la construcción de las defensas de la ciudad, sus murallas y su alcázar, posteriormente palacio. Allí nació, en 1419 un famoso lugareño y oriundo de la localidad que llamarían Juan Pacheco, que en vida se convirtió en uno de los personajes más importantes e influyentes del reino de Castilla, consiguiendo, gracias a este poder, que el entonces rey Enrique IV cumpliese las órdenes y designios que él marcaba.

Juan Pacheco llegó a ser, entre otros títulos, Marqués de Villena, Duque de Escalona y, por ejemplo, Maestre de la Orden de Santiago. Y fue él, el que ordenó alzar el castillo original del que actualmente podemos contemplar.

 

 

 

El castillo original fue deteriorándose hasta llegar a estar en ruinas, allá por el siglo XIX, momento en el que la Emperatriz Eugenia de Montijo, esposa del Emperador Napoleón III lo reconstruyó, en su primera ocasión, y nuevamente en el Siglo XX, obtuvo su actual estado, al realizarse una segunda y completa restauración.

 

 

El castillo es privado, siendo su propietario Hernando Fitz-James Stuart y Falcó, perteneciente a la casa Ducal de Peñaranda, descendientes de la Duquesa de Alba.

 

Más allá de la historia, lo más importante ahora es nuestra visita al castillo, previa adquisición de la entrada correspondiente, nos indican que a una hora determinada deberemos estar en la entrada principal del castillo, aunque hasta ese momento podremos realizar la visita por nuestra cuenta por los lugares que deseemos, y que están habilitados para tal fin, aunque nuestro consejo es iniciar la visita por un audiovisual que hará que nos centremos en las diferentes épocas gloriosas de Belmonte.

 

Debemos decir que toda la visita ha sido una sorpresa detrás de otra, los mayores disfrutarán como si fueran niños, mientras que los niños podrán vivir una buena experiencia, entender la Edad Media, y mimetizarse con el entorno del propio Castillo. Y no es para menos, a la hora indicada esperando en la puerta principal, un caballero medieval se presenta a nosotros, y con un disparo de cañón nos da la bienvenida, iniciando en este momento nuestra visita guiada y teatralizada del castillo, a través de su patio triangular, único entre todos los castillos que hemos visitado, sus celdas y el resto de habitaciones y salones de los que dispone el castillo. Diferentes personajes se van uniendo a la historia creada, pero en la que los propios visitantes son partícipes, viviendo de tal forma una visita completamente diferente.

Existen diferentes actividades en el propio castillo, como es la de disfrutar de las armas del medievo, o ver como las aves amaestradas, halcones entre ellas, recrean actividades de caza, actividades que, por nuestro tiempo disponible, no pudimos disfrutar.

        

             

       

Tras la visita al castillo nos disponemos a salir al parking, momento en el que tienes la sensación de despertar de un hermoso sueño, o tal vez de pasar la puerta de la máquina del tiempo, en todo caso, volver a la época real, a la actual, en la que todo es diferente, volvemos a la tecnología, a la electrónica, y es en este mismo instante cuando nos damos cuenta de que debemos seguir nuestro pequeño viaje que nos ha traído a estas maravillosas tierras manchegas, es momento de dirigirnos a Belmonte.

Sin saber cómo, nuevamente vuelves al pasado, simplemente al atravesar una de sus puertas amuralladas, y contemplar, desde nuestra pequeña posición, las impresionantes construcciones de Belmonte, en muchas de ellas siempre presentes sus dos personajes más característicos e importantes, don Juan Pacheco y la Emperatriz Eugenia de Montijo.

 

         

La majestuosidad de la Colegiata de San Bartolomé, haciendo el papel de Catedral, fue construida gracias a la petición de don Juan Pacheco, ubicada junto a otro importante edificio, el Palacio del Infante, ambas con vistas al castillo, desde aquí te invitamos a llegar al mirador colindante a ambos edificios para poder disfrutar de esta increíble vista.

 

El Palacio del Infante fue el lugar de nacimiento de don Juan Pacheco, aunque en ese momento se conocía como alcázar, y actualmente como hotel de 4*.

 

La muralla medieval, que puede ser visualizada a través de sus puertas, como la del Almudí, en la que se ubicaba un depósito de grano, o la de la estrella, en la que se accedía a la antigua judería, o la puerta de Chinchilla, con sus impresionantes torreones almenados, y de gran valor histórico, ya que fue el acceso de los Reyes Católicos en su visita a Belmonte y a su castillo.

 

Pero sin duda nos queda algo importante que visitar en Belmonte, sus calles, en algunos momentos empinadas, sus diferentes casas, pequeños museos, y tiendas donde poder adquirir recuerdos de esta hermosa localidad medieval, que te lleva a un tiempo pasado, que muchas veces hemos evocado al leer libros de historia o libros de novelas de doncellas y caballeros, guerras, conquistas y reconquistas. Todo esto es Belmonte, y por ello siempre te aconsejaremos abrir la mente y absorber imágenes y momentos, abrir tus pulmones y respirar historia y aire limpio, vivir el momento pero también el pasado imaginario, volver a ser niño y niña…

Pero como todo, el tiempo corre en nuestra contra, y debemos tener en cuenta que el día tiene fin, y en esta ocasión también nuestra escapada, motivo por el que debemos marchar hacia un nuevo destino, camino al retorno a nuestro hogar, y del que no conocemos nada, simplemente pequeños comentarios que nos han llegado, pero que sin duda debemos disfrutar con luz del día, y buen tiempo, como el de hoy, dado que se trata de un elemento de la naturaleza, fuera de pueblos o ciudades y del que podremos disfrutar a pie, debido al control, por otro lado necesario, de accesos de vehículos a motor.

 

Las Barrancas de Burujón, cerca de Toledo están a algo menos de dos horas, por lo que debemos iniciar nuestra ruta sin más dilación, teniendo en cuenta que ahora los días son muy cortos, y es necesario aprovechar, dado que no sabemos el tiempo que necesitaremos en nuestro destino.

 

Para dirigirnos hasta dicho punto tomaremos la CM-4, tomando a la altura de Toledo la CM-40 y posteriormente saliendo de ésta última por la CM-4000, dirección Talavera de la Reina.

Todo ello lo podremos disfrutar en el siguiente post de nuestro blog, os esperamos para poder finalizar juntos este pequeño gran viaje por tierras manchegas.

 

Ir a menú principal ruta completaPalacios, Castillos y Molinos… Una Ruta llena de sorpresas.

Próxima entrega – Las Barrancas. Toledo. Lucha entre elementos, tierra, agua y aire.

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