Soria. Desde El Cañón de Río Lobos a Laguna Negra.

Muchas son las ocasiones en las que debemos dejarnos llevar por nuestros pies, respirando y observando todo lo que nos rodea, purificando nuestros pulmones, pero también despejando nuestra mente y alma, recuperando las fuerzas y seguir con las rutinas que nuestro entorno nos obligará a realizar día a día.

Para conseguir lo indicado anteriormente, en esta ocasión nos desplazamos hasta el Cañón del Río Lobos, en la provincia de Soria, donde realizaremos una de nuestras rutas a pie, que nos llevará por caminos y parajes que harán olvidarnos de la carretera., entre otras muchas cosas.

 

Pica aquí para ver la ruta completa

 

Punto de partida Ucero, en la provincia de Soria, a partir de esta localidad, a unos 2.5 km, pasado un camping y un pequeño puente, llegaremos a un cruce donde nos indicará hacia la izquierda la dirección para El Cañón del Río Lobos y la ermita de San Bartolomé. Primer punto donde podremos estacionar, parking gratuito, desde el que nos podremos dirigir hasta el parking cercano al inicio de la ruta, parking de pago, la elección del parking os la dejo a vosotros (Distancia entre ambos parking más o menos 2 kilómetros, si bien dicha distancia a pie se deberá realizar por la propia carretera).

 

Una vez en el parking de pago, comenzaremos nuestra ruta a pie, para llegar a nuestra primera parada, la ermita de San Bartolomé, a escasos 1000 metros, pudiendo seguir la ruta, recomendada, hasta el puente de los 7 ojos, a una distancia de 9 kilómetros, ruta fácil, aunque en nuestro caso no fue posible realizarla por la crecida del río.

 

 

Ambas rutas no tienen pérdida, para lo cual podremos seguir dos posibles sendas, la primera, iniciar la ruta por la senda peatonal limitada por unos bordillos de madera, hasta llegar al río, donde deberemos cruzarle, a unos 200 metros del parking, y caminando por la vera izquierda del río, el segundo, siguiendo la pista de coches que nos llevará por el margen derecho del río, ambos llegan al mismo punto, la ermita de San Bartolomé, aunque os recomiendo ir por el primero, y volver por el segundo.

 

En nuestro caso, como hemos comentado anteriormente, la visita a la zona la hemos realizado en temporada de primavera, con numerosas lluvias y deshielos, por lo que el caudal del río era alto, y es necesario extremar las precauciones al cruzar el río.

 

Ya se puede apreciar la calidad del aire que respiramos, la entrada en nuestros pulmones de oxígeno fresco, que hacen que queramos respirar con fuerza e intentar purificar nuestro cuerpo.

 

 

 

La vista durante el paseo es increíble, recordando nuestra infancia, rodeado de vegetación, de agua y rocas, de vida, olvidándote del objetivo del paseo, que recuerdas de golpe cuando la imagen de la ermita aparece, de repente, ante nuestra mirada. Sin duda recuerdas la posibilidad de hacer fotos, al volver a la realidad del momento, a la realidad de nuestra pequeña ruta.

 

Lo primero que piensas es “que hace una ermita en ese entorno, alejada de todo, aislada del mundanal ruido”, aunque al momento, las respuestas llegan inmediatamente cuando lo piensas con tranquilidad, y te das cuenta que la ermita se encuentra en un punto perfecto, aislada, sin conexión con el resto del mundo, en un lugar tranquilo, donde ayuda a pensar, a relajarte e incluso a vivir.

 

 

A la derecha de la ermita podrás encontrar una cueva, te recomiendo que la explores, y sientas el silencio, salvo que haya a tu alrededor 200 personas más visitando el lugar.

 

 

Frente a la ermita, podrás ver a lo alto un hueco sobre una pared natural, hueco a modo de ojo, desde el que se puede observar todo el río Lobos.

 

Por último, tras la ermita encontrarás el camino o la senda que te llevará hasta el puente de los 7 ojos, distante unos 8 kilómetros, y que en el momento de nuestra visita se encontraba cerrado, debido a la crecida del río, aunque pudimos caminar por dicha senda una serie de kilómetros, para disfrutar, además del paisaje y el entorno, del sistema empleado hace muchos años para recolectar miel, por medio de unas curiosas colmenas…

 

Retrocedemos por nuestra senda para llegar al coche y poder llegar a un punto desde donde obtendremos unas maravillosas vistas, a la vez que tener la sensación de ser pequeño, respecto a todo lo que nos rodea, aunque antes de iniciar el camino con nuestro medio de locomoción, podemos ver el nacimiento del Río Ucero, a escasos 50 metros del cruce que une la carretera de Ucero con el primer parking.

 

Para llegar al Mirador de la Galiana tomamos la carretera por la que llegamos hasta el parking, si bien iremos en dirección contraria a Ucero, iniciando el ascenso para llegar a un pequeño parking, ubicado a ambos lados de la carretera, y que comunican con el mirador.

Podremos ver la grandiosidad del Cañón, el nacimiento del río Ucero, e incluso el Castillo de Ucero, que podremos visitar con posterioridad.

 

 

En nuestro caso retrocedemos hacia Ucero, para poder detenernos en la localidad y poder visitar el castillo, el cual se encuentra en la parte alta del pueblo, al cual llegaremos caminando, debido a que el acceso no es bueno. El castillo ha sido mínimamente reconstruido, y su estado no es muy bueno.

A la salida de Ucero nos encontramos con una pequeña sorpresa, que no dejamos escapar.

 

 

 

Desde Ucero, y dado que nuestra intención es atravesar el Parque Natural del Cañón de Río Lobos, nos dirigimos hasta Santa María de las Hoyas, y sin pararnos, continuamos nuestro camino por la SO-934 dirección Arganza (Iglesia) / San Leonardo de Yagüe, realizando una pequeña parada en el parking ubicado junto el Puente de los Siete Ojos, y poder contemplar otra de las zonas por las que el Cañón tiene acceso, y a la que no pudimos llegar en la ruta a pie que habíamos previsto inicialmente.

 

Seguimos hasta San Leonardo de Yagüe, para poder visitar dicha localidad, entre otros puntos, un nuevo castillo con el nombre de la propia localidad (Castillo de San Leonardo de Yagüe).

 

 

La tarde cae sobre nosotros, y es hora de pensar en descansar y preparar la ruta del siguiente día, motivo por el que nos desplazamos hasta la localidad de Duruelo de la Sierra, localidad elegida por la cercanía del nacimiento del río Duero, donde podríamos haber disfrutado de una serie de cataratas, a las que no fue posible llegar por estar el acceso cortado por la acumulación de nieve. En otra ocasión será.

Aprovechamos para cenar, y dar un paseo por la localidad y visitar la Necrópolis ubicada junto a la iglesia.

 

Amanece un nuevo día, y como el anterior, la lluvia respeta a todos los que intentamos disfrutar de la naturaleza…

 

 

 

 

Comenzamos nuestro nuevo día desplazándonos hasta la Laguna Negra, pasando por Vinuesa, como localidad cercana, y desde allí, por carretera y siguiendo las indicaciones que vamos encontrando, irremediablemente hasta el parking donde podremos estacionar, previo pago de 4 euros.

Existen dos zonas de estacionamiento, aunque en el momento de nuestra visita, solamente el primero se encontraba habilitado, el último estacionamiento estaba cubierto por la nieve, aunque existe un bus que conecta ambas zonas, previo pago. Así mismo, nos avisan que se debe ir preparado, debido a que los últimos 300 metros antes de llegar a la laguna, el acceso se encuentra cubierto por el hielo y la nieve, dejando la responsabilidad de acceder a los propios usuarios.

En nuestro caso nos disponemos a ascender desde el parking a la laguna paseando, dado que nos encontramos a menos de 1 km de distancia. El paseo en ascenso es agradable, comienzan a sobrar las chaquetas que llevábamos, quedándonos en manga corta.

 

 

Llegamos a la zona del último estacionamiento, donde tenemos los 300 metros cubiertos de hielo, lo que hace que la llegada a la laguna la debamos realizar con precaución.

 

Tras sortear las barreras descritas anteriormente, accedemos a la pasarela que rodea la Laguna Negra, quedándonos prácticamente con la boca abierta, debido a lo que nuestros ojos comienzan a experimentar. La belleza de La Laguna Negra aumenta debido a la nieve de la zona, y que la propia laguna se encuentra completamente congelada, es increíble lo que se  puede experimentar con dicha visión.

 

 

Es importante disfrutar de lo que nos rodea, tomándonos todo el tiempo necesario, rodeamos la laguna por la propia pasarela, al final de la cual, saltando un pequeño riachuelo, llegamos a la zona donde ya no existen pasarelas, y con toda la libertad que nos puede dar caminar con más de 40 cm de nieve acumulada…

 

 

 

Lo primero es acercarnos a las cataratas que el deshielo comienza a crear, para, desde las alturas tener una diferente perspectiva de la laguna…

 

 

 

Llenamos toda nuestra cabeza de buenas imágenes y sobre todo nuestros pulmones de buen oxígeno, para descender hasta la localidad de Vinuesa, parando por el camino en la Casa del Parque de la Laguna Negra, donde podremos contemplar una exposición que nos hará entender de forma más sencilla el sistema empleado en la zona para la vida cotidiana.

 

Posteriormente realizamos una visita a la localidad de Vinuesa, dejándonos perder por sus calles, disfrutando de sus edificios civiles, y de las vistas del río Duero a la falda de la localidad, pueblo de gran armonía y belleza, donde el visitante disfrutará de cada paso por sus calles empedradas y entre las paredes de sus nobles casas.

 

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