Portugal – A la vera del Duero

Ruta internacional, algo que es muy fácil y posible desde nuestra comunidad autónoma, por la cercanía y por las impresionantes carreteras, rodeado por naturaleza y buenas curvas para la actividad motera, aunque en este caso el día amenazaba lluvia, decidimos continuar con la planificación que habíamos realizado para este viaje, e iniciar esta escapada que nos llevaría por tierras lusas, durante una jornada completa.

 
 
 

En esta ocasión  el grupo estaría compuesto por 7 motos con sus respectivos motoristas, 2 desde Salamanca, y 5 desde Valladolid, punto de encuentro elegido para ambas expediciones sería la localidad Bermillo de Sayago en la provincia de Zamora.

  
 Para llegar al punto de encuentro donde nos uniríamos a nuestros compañeros, nosotros iniciamos la ruta desde Salamanca, una hora antes de lo que teóricamente sería necesario, para aprovechar una primera parada en Ledesma, donde la jornada comenzó de la mejor forma posible, con un desayuno de campeonato, tostadas con aceite y tomate, zumo y café.
   
El almuerzo nos da la fuerza necesaria para realizar la totalidad de la ruta que, tal como hemos comentado anteriormente, nos llevaría por zonas de nuestra región, aunque al atravesar el Río Duero, nos metería por tierras Portuguesas.
 
 
 
Sin más dilación, y tras despedirnos de las calles con cantos rodados de la Localidad de Ledesma, nos dispusimos a ir directamente al punto de encuentro, ubicado en Bermillo, donde un nuevo café nos esperaba, en esta ocasión junto con nuestros compañeros de jornada,  antes de comenzar la ruta.
 
Desde aquí comenzamos la ruta internacional, aunque nos quedaba atravesar la localidad de Fermoselle, donde nos vimos envueltos en la anécdota del viaje… al acercarnos a esta localidad comenzamos a observar gran cantidad de vehículos, algo extraño, dado que numerosos coches y camiones de transportes estaban parados, y la gran mayoría de ellos con el motor en marcha, pero no debido al sistema START-STOP.
 
Nos miramos unos a otros, y con cuidado iniciamos una serie de rebasamiento de vehículos con el fin de avanzar, decir que por el carril izquierdo no venía ningún vehículo, por lo que pensamos en algún accidente, ya que no había ninguna señal de obras o algo por el estilo.
 
Tras avanzar por el carril izquierdo con sumo cuidado, llegamos hasta la cabeza de la fila de vehículos, donde agentes de tráfico se encontraban controlando ambos lados de la calzada, y para nuestra sorpresa, la carretera cortada, causa del embotellamiento, por unas balizas y paredes de madera en forma de burladeros, por donde comenzamos a ver que unos mozos corrían alrededor de unas reses, sorpresa, era un encierro.
 
Dado que no se podía hacer otra cosa, paramos las motos, nos quitamos el casco y nos dispusimos a disfrutar de El Encierro de Fermoselle, pasados unos minutos y una vez terminado el mismo, la Guardia Civil nos informó que podíamos ir preparándonos, por lo que iniciamos el proceso contrario, rutina de motoristas…, nos pusimos los cascos y motores de nuestras motos en marcha, a la par de otras que llegaron con posterioridad, y del resto de vehículos que nos rodeaban.
 
Tras abrir las puertas de las vallas del camino por donde unos minutos antes habían corrido las reses, los agentes de tráfico dieron paso, en primer lugar a las motos que nos encontrábamos a la espera, para despejar la zona, y posteriormente con más tranquilidad al resto de vehículos que aguardaban el momento de iniciar la marcha. Este hecho nos ayudó en nuestro camino, dado que durante el tiempo de espera fueron numerosas las personas que se unieron para poder pasar de un lado al otro de la zona de carretera cortada.
 
Pasada la anécdota retomamos nuestro camino hacia el país vecino, Portugal, aunque antes realizamos una parada “Obligada” en la Presa de Bemposta, la cual sirve de paso entre España y Portugal, salvando la frontera natural, El Río Duero o Douro.
 

 
Como curiosidad sobre esta presa, comentar que a finales del 2012, La Eléctrica de Portugal sorprendió a propios y extraños al  aplicar una decoración de gran impacto visual, pintando de amarillo los muros de la presa situada en el corazón del Parque Natural Arribes del Duero.
 

 
Una vez en Portugal nuestros caminos se dirigieron hacia la Localidad de Mogadouro, y a partir de este punto dirección Braganza donde era el punto elegido para tomar un refresco, momento donde el calor se notaba y se observaba la necesidad de descansar los quince minutos que duró ésta pequeña parada.
 

Nuevo destino, Vimioso, y posteriormente Miranda do Douro, en todo momento con buen tiempo, inmejorable para la actividad que estábamos desarrollando, sin tráfico y con numerosas curvas que se entrelazaban de derecha a izquierda y viceversa, unido a un estupendo asfalto. Solamente una pequeña pega, que está unido al inicio del otoño y a la zona con gran acumulación de árboles por la que realizamos la ruta, la pequeña acumulación de hojas secas en los extremos de la vía, que obligaban a tener mayor precaución.

 
Y tras los números kilómetros realizados, decidimos hacer un nuevo alto en el camino, con el fin de comer antes de cruzar nuevamente la frontera, localizando un restaurante tipo brasería, lleno de grupos de jóvenes, y que nos deleitaría con una comida típica de la zona, que en esta ocasión no era bacalao.

Conquistada una parte de la terraza de la Brasería, comenzamos con la comida que nos habíamos ganado, compuesta por Arroz, Patatas fritas y Pollo a la brasa.

 

 
Poco quedaba ya para terminar nuestra ruta, aunque teníamos por delante una nueva misión, repostar, algo que a veces parece complicado, sobre todo cuando al pasar la frontera pudimos comprobar como las dos gasolineras que teníamos localizadas habían cerrado, quedando solamente los esqueletos de lo que anteriormente habían sido las tiendas, estructuras y surtidores, así que sin más miramientos, nuestro objetivo era claro, lo primero repostar, antes de ir hasta Puente Pino, destino que recomendaron a nuestro compañero Sute.
 
 
Y tal como se planificó, una vez repostadas las máquinas, algunas venían más secas que otras…, y con la misma amenaza de lluvias con la que habíamos iniciado nuestra ruta, amenaza que solamente la sentimos en tierras españolas, decidimos ir hasta ese punto que ninguno de los presentes conocíamos, El Puente Pino, puente que conseguía saltar sobre el curso de nuestro compañero de viaje, el Rio Duero.
 
Para llegar a este puente es necesario ir hasta la localidad de Pino del Oro, en Zamora, conocida por sus minas de oro las cuales fueron explotadas en época romana (s. I y II d.C.). Las diferentes estructuras mineras antiguas se conservan en buen estado y han contribuido a la formación de un paisaje singular y único en la Península Ibérica, a partir de este punto tomar la carretera ZA-321 destino Villapedera (o viceversa).
 
A mitad de camino, y sin poder pasar por este punto sin verlo, se encuentra un maravilloso paisaje y unas estupendas vistas, donde destaca una estructura metálica construida por la mano del hombre, y conocida como Puente Pino o  puente-viaducto de Requejo, cuya construcción supuso la apertura de una comunicación fluida entre las comarcas zamoranas de Sayago y Aliste. Con anterioridad, la única vía de comunicación entre ambos territorios consistía en una barca que navegaba entre Pino y Villapedera.

 

Llegado a este punto, y tras la jornada de ruta llega ese momento que parece que por la mañana nunca llegará, el momento de la despedida, que sin duda da lugar a iniciar el ciclo de preparación de nuestra siguiente ruta…
 
Por un lado, nuestros compañeros de Valladolid, retomando nuevamente el camino ya andado, hasta Pinar del Oro, para tomar la Autovía dirección Valladolid, y por el otro, en dirección contraria a los primeros, nosotros, pasando por Villapedera-Bermillo-Ledesma y posteriormente Salamanca.
 
Como nota final, comentar que la amenaza de lluvia y tormenta existía tanto por la mañana como por la tarde, y nos acompañó durante el recorrido a Valladolid o Salamanca, pero que por suerte no llegó a hacerse realidad, por lo que cada uno en su casa, seco y con ganas de una nueva experiencia.
 
Gracias a nuestros compañeros de Valladolid, encabezados por Miguel (Sute), y por mi compañero Sebas de Salamanca, con los que pude pasar una estupenda jornada en moto.
 
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